ANTONIO DE FRUTOS SUALDEA asesinado el 3 de mayo de 1976 en Legazpia.

ÁNGEL RODRÍGUEZ SÁNCHEZ asesinado el 3 de marzo de 1984 en Oyarzun.

JOSÉ MANUEL GARCÍA FERNÁNDEZ asesinado el 3 de mayo de 1987 en Ciérvana.

A las nueve y media de la mañana del lunes 3 de mayo de 1976 el cabo primero de la Guardia Civil ANTONIO DE FRUTOS SUALDEAfallecía en Legazpia (Guipúzcoa) como consecuencia de las heridas provocadas por la explosión de un artefacto que alcanzó de lleno al vehículo en el que viajaba. La ejecución del atentado incluyó la utilización, por parte de la banda terrorista, de una ikurriña como cebo.

 

Antonio de Frutos Sualdeatenía 44 años. Era de Valtiendas (Segovia), estaba casado con María Martín Peña, y tenía tres hijas: María Jesús, Teresa y Antonia (Toñi), de doce, diez y siete años de edad respectivamente. Había ingresado en la Guardia Civil en 1963. Tras pasar por diversos destinos, en 1971 fue ascendido a cabo primero y destinado a Legazpia.

El 3 de mayo de 1984 ETA asesinaba en Oyarzun al mecánico ÁNGEL RODRÍGUEZ SÁNCHEZ. Su cadáver fue localizado, minutos después de las cuatro de la tarde, con dos tiros en la cabeza en una pista cercana a la carretera que conduce a la localidad.

Ángel Rodríguez Sánchez, de 42 años de edad, era natural de Villafranca de Barros (Badajoz), aunque residía en Irún desde 13 años antes de ser asesinado. Propietario de un taller mecánico y de una grúa, estaba casado con Rosa y tenía tres hijos de 15, 13 y 8 años.

A las 21:40 horas del sábado 3 de mayo de 1997 un terrorista entró a cara descubierta en la Marisquería El Puerto, en Ciérvana (Vizcaya), a 20 kilómetros de Bilbao. Tras gritar «¡Al suelo!» disparó un tiro en la nuca del guardia civil JOSÉ MANUEL GARCÍA FERNÁNDEZ, que en ese momento tomaba unas tapas en compañía de su esposa en la barra del restaurante.

 

José Manuel García Fernández llevaba quince años destinado en acuartelamientos del País Vasco. En el momento de su asesinato estaba destinado en el cuartel de Sanfuentes, en Gallarta, muy cerca de Ciérvana. El cuartel albergaba a once familias de guardias civiles que estaban muy integradas en el pueblo. Un agente comentó que él mismo llevaba a su hija «a la escuela, y sus compañeros saben que soy guardia civil. Aquí no tenemos problemas. Estamos consternados». Era de San Esteban de Cuani (Asturias). Tenía 43 años y estaba casado.